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15 de septiembre de 2010
6 comentarios

La vida es para los valientes

23:38


En los momentos que tengo que tomar importantes decisiones o en los que me veo zarandeado por actuar conforme a mis propios valores suelo recurrir a este texto de Antonio Gala que nos hicieron analizar para Selectividad. Inspirador.




      La vida verdadera -aquella cuya intensidad es insoportable en algunos momentos-  sólo se ha hecho para los valientes. Los valientes son quienes mantienen sus propias opiniones, adquiridas si es preciso a zarpazos, y las defienden de los otros. Son quienes emprenden el prodigioso viaje hacia sí mismos, la búsqueda de cuyas sendas es despiadada y costosa. Son quienes no se amparan en grupos que los asuman en cómodos y esterilizantes anonimatos: grupos de creencias, de ideologías, de clases, de corporaciones. Son quienes ostentan al aire su cabeza y su corazón, sin tomar precauciones, olfateándose fraternalmente los unos a los otros, por encima de las razas, por encima de las fes y de las fronteras.

      Es el valor lo primero que se necesita. El valor de la soledad y el valor del amor, porque ninguno sino el capaz de vivir solo es capaz de dar compañía,  y ninguno sino el lleno de amor es susceptible de recibir amor. El valor de superar con alegría todos los miedos y todas las inseguridades. Óyeme bien: si la vida en sí misma es inseguridad, ¿como se atreve nadie a empujarnos hacia la somnolencia y hacia la instalación? ¿Quién que se refugie entre las cuatro paredes de un cuarto de estar percibirá el prodigio y el éxtasis? ¿Quién que no se lance en brazos de la aventura podrá decir, al final, que ha vivido? La vida no se sienta en las mesas camillas, ni echa raíces, ni cabe en una moderada oficina, ni paga el alquiler de un estudio doméstico. Consiste en un incesante movimiento, cuya salvaje armonía es imposible que capten los cobardes. Consiste en un paisaje siempre desconocido y opulento e inabarcable, que excede las intenciones de los pecatos y los tristes. No seamos perdedores de antemano; no empecemos por ceder antes de la batalla. Rebelémonos. Estamos llamados a la felicidad más alta; no nos conformemos con esa felicidad en calderilla que proporciona el atenerse a las humildes normas cotidianas, ellas sí complacientes y raídas....

      ¿Seguridad? Nada más inseguro que aquello que logra, de repente, hacer feliz el corazón humano. Gracias a la inseguridad progresa el hombre, descubre, inventa, explora, se mezcla con lo nuevo y se renueva él mismo. Lancémonos a la empresa más ardua: ser nosotros. ¿Que meta nos propondremos, en qué sentido vamos a avanzar? Da igual: el mundo es infinito; la vida es infinita; cualquier seguridad es falsa y, de momento, no hay hogar. Todavía estamos en la hora de la peregrinación. Todavía estamos en esa hora en que el camino es mejor que la posada.

      Por mucho que los amemos, no repitamos el error de quienes nos precedieron. Nuestros padres no nos sirven de modelo. Hasta que no los apartemos de nuestra mira, ni siquiera sentiremos por ellos la compasión que lleva al justo juicio. Arranquemos sus cánones; desechemos sus programas; no sigamos sus proyectos; nuestras decisiones no son susceptibles de escribirse sobre las pautas suyas. Desearon y desean nuestro bien, sí, pero a su manera. Y su manera no podemos permitir que sea la nuestra. Es la tarea más difícil, porque hemos de iniciar la andanza desde cero. Sin embargo, es la tarea previa a las demás. Lleguemos hasta donde nuestro padre no llegó; ilusionemos los ojos de nuestra madre y asustémoslos. Hasta ahora una familia, el rejuvenecimiento y el medro provienen desde luego de que los hijos sirvan a objetivos más amplios que los estrechos familiares. Tomemos la pértiga y saltemos. Tendremos que improvisarlo todo.... ¿Seguridad?

      Apartaos de quien os diga semejante palabra. Si en la miseria de hoy cabe esperar alguna dicha, te  aseguro que será sólo espiritual. Espiritual y bifronte, como el dios de la guerra: con una frente hacia atrás que salve la cultura -sólo la cultura- del pasado; con otra frente hacia adelante que cifre la manera incansable, con júbilo y con riesgo, el talante de nuestra época: una época que, sin los más valientes de nosotros, se hundiría en el materialismo más estúpido.

      No hay otra dirección que la que nos lleve hacia nosotros mismos. Ni más trabajo, ni más ansia. Entremos en la cadencia de la vida; concordando con sus exigencias. Para los débiles no se abre el paraíso; el paraíso no se comprime en jardincitos municipales de mimo y ordenanza. Hasta que no nos hallemos en el fondo de nuestra alma, no tocaremos el temblor y el iris de la vida (que -no lo olvidemos- no es nuestra, sino nosotros de ella: inseguros como ella, continuos y fugaces como ella). Y sólo a partir de ese esplendor, que cada cual ha de descubrirse dentro, nos será dado ir hacia los demás, iluminemos nuestro entorno, confrontemos unos con otros el hallazgo, aproximémonos al área de fuego del amor y abandonémonos sencillamente a él con la incertidumbre de que la primavera ha venido por fin. Y con la certidumbre de que han sido nuestras manos -implacables y al mismo tiempo misericordiosas-  las que han traído la primavera a un mundo que no la merecía.





6 comentarios:

  1. Buen texto.
    Me recuerda a StarWars episodio3

    AMIDALA: Cualquier opción representa un gran peligro... para todos.
    PADMÉ: Somos valientes, Alteza.

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  2. Ufff, qué complicado y profundo! me ha costado como los libros de filosofía de Bachiller!
    Eres como Shakespeare, pero sin romanticismo... también te fumaste algo como él? jajaja
    Es broma.

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  3. A mí también me encanta este largo texto de Antonio Gala, lo he leido un montón de veces ya!

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  4. Parece extraído del libro "El hombre mediocre" de josé ingenieros

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