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3 de julio de 2014
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El Hombre ante la Tentación


 Habíamos quedado a las 7 pero lo retrasó a las 7.30. Ya llevaba en la puerta de RENFE unos 10 minutos de más cuando la veo aparecer sonriente, 23 años, bolsa de deporte rosa en mano y amplia sonrisa. Está risueña y contenta. Dos semanas antes le había dicho por whatsapp que no iba a volver a quedar con ella. Que no quería saber nada. Así que estaba satisfecha. Había conseguido reblandecerme y me había invitado a su nueva casa, en la que un puf que ya no me cabía por ningún sitio le servía de acomodo a sus siestas. De camino a su casa me preguntaba, como cualquiera adivinaría, si esa tarde habría “tema”. Con ella podías esperar cualquier cosa. Así que me lleva a un edificio singular de mi ciudad, alto, casi un rascacielos y me pregunto si podremos echar un buen polvo con buenas vistas. Al llegar a la puerta, jarro de agua fría: “Espero que esté mi hermana” (¿pero no me habías dicho que vivías sola?). La puerta se abre y aparece una versión de mi amiga más alta, en shorts, delgada sin pasarse y con un potingue en la cara verde. 20 insultantes años. Madre de Dios. Parece que su hermana le había hablado de mi porque me trata con toda la confianza del mundo. Mi amiga me enseña la casa y tras decir yo que un piso viejo, desordenado y caótico “está bien” acabamos en su cuarto. Yo ya tenía pocas esperanzas ¿"Mancillar" con la hermana en el piso? No creo. Me siento en la cama, delante de un montón de ropa sucia casi tan alta como yo, hablamos pero no pasa nada. Finalmente nos vamos al salón con la música a tope y la jovencita espatarrada en el sofá.


¿Follar gratis... pudiendo cobrar?
Poco a poco van saliendo en ambas todas las características principales del tipo de mujer que detesto. Las dos son supermajas y superabiertas y me hablan entre risas y sin tapujos de sus fines de semana. Que se lian con cualquiera cuando van colocadas si les invitan a una ralla, speed, alcohol, marihuana o lo que se tercie. Me hablan de las fiestas que se hacen y me recuerdan las que yo me hacía con su edad. Bueno, vale. Yo nunca vomité sangre. Me hacen sentir viejo.

Luego pasamos al tema amor-sexo. Pero de lo que me cuesta hablar es de lo primero, al contrario que siempre. Nunca se han enamorado. Para ellas el sexo es una moneda de cambio, tener sexo a cambio de nada no tiene sentido. Son jóvenes y muy atractivas y pueden tenerlo con quien quieran. Así que, ya que te acuestas con un hombre, por lo menos que te pague cosas. Por lo visto el alquiler del mes pasado lo había pagado un hombre de 48 años que se acuesta con una de ellas frecuentemente. La compra del super también la hace el. Yo escucho tratando de no externalizar mis ideas. Me plantean que si yo fuera mujer, si no haría eso. Trato de no contestar. Digo que “nunca he sido mujer” así que no puedo opinar. Pero es más fuerte que yo y digo que no, que yo quiero trabajar, que no me sentiría bien siendo un mantenido. Pero es mala idea ya que yo estoy fascinado de ver tan de cerca este perfil de mujer, de ver como sienten y ven. Como se justifican. Como viven la vida. Y aunque parezca mentira me caen bien, me solidarizo, estoy pasando un buen momento. Las dos están en paro. Así que ninguna estudia ni trabaja. A la vez de esto me dice la de 20 que ha dejado a su novio por vago. Que no quería trabajar. Vamos, que está igual que ella. Son el tipo de mujer que para mi está muy anticuado, la de aquella que ve a su hombre como proveedor. En su mente ella asume que aporta a la relación un cuerpo increíble (doy fe) y que el hombre tiene que aportar la guita, el money, la pasta.

Se acaba el porrito y me pongo a enseñar a la hermana de 20 como tocar algo muy sencillo en el órgano que tienen en el salón. Mi amiga se va. Momento profesor-alumna. Se ha puesto 3 potingues en la cara a lo largo de la tarde, uno en plan “American psyco” de esos que te arrancas de la cara. Ahora no lleva ninguno y es muy guapa. Lleva una camisa de tirantes sin sujetador. Es el perfil de chica alta-delgada-sin pecho y los ojos se me van. Le veo los senos, los pezones a través de la camisa doblada. Empiezo a marearme. Le abrazo por detrás para indicarle como poner los dedos. Joder.

Rollito profesor-alumna
Llega la hermana, mi amiga, así que se retira al sofá. Le empiezo a enseñar a ella y la otra, para protestar en plan infantil enciende la tele a tope para sabotearnos. Le pedimos que baje el volumen y empieza a lucir los tios que la persiguen en adoptauntio.es, página en la que estamos los tres, para llamar mi atención. Me centro en “mi clase”. Campanitas del lugar a una mano. La alumna es buena, se pone pegatinitas para saber donde está Do a lo largo del teclado. Aprende rápido. Pasamos un buen rato.

La dejo ensayando y me voy con la hermana. Le cojo su móvil y lo sostengo en la mano, abriendo el whatsapp. Decenas y decenas de tios quejándose de que no les contesta. Repaso con ella varias de las conversaiones con los candidatos, provenientes de adoptauntio. Esta chica es de gatillo fácil dando su número. Leyendo en voz alta veo que siempre se repite el patrón. Ellos hablan sin parar, ella con monosílabos o alguna frase. Dice que habla con todos ellos para reírse, que son todos unos pesados. Pero yo creo que lo hace para alimentar su autoestima. Alguno le envía alguna foto caliente y cuando ella se queja reculan acobardados (estoy hablando del tipo de tio sin camiseta, estrato social bajo, faltas ortográficas y muchas horas pasadas en un parque del extrarradio). Todos van de melosos y románticos. Es dantesco. Decido retirarme. Suficiente.

Ha sido una tarde con mujeres que se drogan y follan por dinero. Son muy jóvenes. Vuelvo a casa ya de noche a cenar algo. La hermana jovencita me ha impresionado, estaba muy cerca del concepto “jailbait” americano. Me ha enseñado sus nalgas para mostrar sus tatuajes, no me ha hecho falta imaginar sus pechos pequeños, sus abdominales sin grasa, se ha acomodado espatarrada y he dicho abiertamente que queda con muchos tios. Me ha Knoqueado con las 3 características básicas que nos atraen instintivamente a los hombres y  que difiendo en otros artículos:

-Lo más joven posible en relación a la edad de él.
-Lo más bonita según el mismo criterio.
-Muestra Disponibilidad.

Así somos los hombres. No importa que mi cerebro las descarte. Que sepa que no me acostaré con ninguna de ellas otra vez porque ya saben de sobra que yo no invito-pago-pagafanteo. Al final, en caso de que me surgiera la oportunidad, de que obrara el milagro, un miembro más poderoso acabaría tomando la decisión.


 ¡Menuda tarde!

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