La gente piensa que ser joven es tener la piel tersa pero hay algo que define tan bien como nuestro físico la edad que tenemos: nuestra actitud, la alegría con la que hacemos las cosas, la alegría con la que nos adaptamos a los cambios incluso aunque no sean voluntarios. A cualquiera le puede estresar un cambio de puesto en el trabajo, una tecnología nueva a la que hay que subirse para no quedarse aislado/anticuado o volver al mercado del ligoteo tras muchos años con pareja estable. Lo que diferencia a los buenos de los malos, a los jóvenes de los viejos, es la actitud con la que se enfrentan al cambio. Así que se puede ser viejo siendo joven y viceversa. No estoy diciendo que haya que subirse a todos los carros. A mí personalmente me costó mucho tener mi primer teléfono móvil porque lo consideraba una “pijada”, registrarme en Facebook porque lo consideraba “un nido de cotillas” o utilizar páginas de internet de conocer gente/ligar ...