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22 de septiembre de 2011
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El galante pagafantas


No hace mucho que una antigua amiga y yo nos fuimos a cenar a un barecito familiar que me quería enseñar. Tras charlar de lo divino y lo humano nos pasamos por Ruta13 a tomarnos una rápida caña dando la casualidad de encontrarnos con un amigo común.
Mis oídos no tardaron en oir aquello de … ¿y no la has invitado?

Todavía recuerdo la primera vez que una mujer me miró con cara de “págame la fanta” (literal, le pagué una fanta naranja) y como a esos 15 años me planteé por primera vez este tema. Yo siempre he tenido un razonamiento aplastantemente racional y no entendí este tipo de convenciones sociales porque ya entonces lo veía desfasado.

El ser humano tiende a seguir costumbres incluso cuando ya han perdido su sentido. La mujer ha entrado en el mundo laboral,  las normas para cortejar una posible pareja han cambiado pero algunos hombres siguen sintiendo la obligación de aportar el dinero cual macho que vuelve a la cueva con la piel del oso cazado.

Vale, tener dinero en esta sociedad da estatus. La hembra que ve al aspirante pagar siempre con billetes de 50€ tenderá a pensar que va a estar bien protegida o incluso que va a poder evitar  trabajar fuera de casa. Ahora bien, ¿puede saber una mujer que este hombre que le paga las cosas no la abandonará de igual manera?, ¿acaso me interesa a mí una mujer que tenga este tipo de mentalidad?, ¿no preferiré una mujer fuerte e independiente que sepa que las cosas le irán bien porque se sabe sacar las castañas del fuego ella solita?

Los seres humanos apreciamos lo que nos cuesta conseguir. Si nada más conocer a una mujer le “pagas” su compañía con una copa, una cena en un restaurante caro o con cualquier otra cosa es muy posible que complazcas los instintos más básicos de su cerebro reptiliano. Pero le privarás del placer de la conquista. Le estarás gritando tu interés. Y de esta forma, ¿dónde está el reto para ella? Serás lo que los hombres llamamos “la chica fácil” pero al revés: “el chico fácil”. Y las mujeres que merecen la pena tienen cansinos de estos a montones.




Por otra parte, si ella  ve normal estas “subvenciones” y no como algo extraordinario, ¿por qué hacerlo? No vas a destacar en nada respecto a la competencia (que también lo hace) y ella se olvidará enseguida. Y si no lo ve normal, ¿por qué hacerlo?  Ella ya piensa y vive en el siglo XXI.

Por supuesto hay situaciones en las que sí viene a cuento invitar a alguien, por cortesía, pero no debe ser por costumbre. Quizás la chica se haga la loca a la hora de pagar y no vas a echárselo en cara arruinando el resto de la noche. Quizás te apetezca por que sí… pero cuidado, hay que conseguir que ella se esfuerce de alguna manera, y no estoy hablando de sexo al final de la velada.

Así que mi conclusión es que una mujer que decide pasar su tiempo conmigo no necesita que “la compre” con un extra, está conmigo porque disfruta de mi compañía y de nuestra charla sobre lo divino… y sobre lo humano.





1 comentarios:

  1. Enhorabuena con el articulo, estoy totalmente deacuerdo, basta ya de pagar fantas, muchos chicos no saben que eso en realidad de poco sirve y que se ve como algo normal, no como algo extraordinario y partiendo de este punto ya todo se puede deducir.

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