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7 de febrero de 2013
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Un Error Inesperado

Fotografía de Rafael Navarro.
Los viernes me machaco a tope en el gimnasio y luego me abandono al placer de un spa sin prisas. Pero este viernes no pudo ser, me llamo un viejo amigo para ver si le acompañábamos a comprarse ropa. Estábamos entrando en una tienda cuando veo salir a una conocida, una de esas personas amiga de amigos con quien nunca hablaste más de 5 minutos. Nos ponemos al día y la noto con un nerviosismo que podría denotar interés (o no), a la vez que está interesada en la conversación que estamos teniendo. Me dice que vive en otra ciudad pero que este fin de semana está en casa de sus padres. 
Como ya he comentado en otro artículo vuelvo a fallar en lo de siempre. En lugar de pedirle un contacto cuando la conversación decae dejo que se marche y al segundo me arrepiento. Este no es el error inesperado claro. Si ya se acabase la historia no habría existido este post. ¿Qué hacer? Nada más subir al segundo piso a buscar a mis amigos me pongo a buscarla en Facebook con el smartphone, a ver si por una de esas casualidades tenemos amigos comunes conectados y aparece rápido en las sugerencias. Bingo. Cuando mi amigo termina de probarse la ropa yo ya le he invitado a quedar al día siguiente a tomar algo y que me cuente con más detalle esa estancia de un año en la India. ¿Acaso tengo mucho que perder?

Me despierto a la mañana siguiente y veo, aún en la cama, que sí quiere quedar y me pasa su número para whatsapear la hora de la ¿cita?. Pero resulta que me sale otro plan de cena con varios amigos así que le propongo que se venga. ¿Es esto un error? ¿Hago bien en quedar en grupo cuando ella ya había aceptado quedar a solas?¿Es bueno volver a la primera etapa del VAROSE cuando ya has conseguido aislarla y por lo tanto estás en la segunda? Mi conclusión en este caso es que ha sido un error, un error inesperado.

Para empezar porque la chica puede que piense que realmente no estaba interesado en ella y que sólo quería que habláramos, que es lo que le he propuesto oficialmente. Y segundo porque los problemas potenciales para conseguir su interés y terminar con beso o algo más crecieron hasta impedirlo, cosa que podría haberme evitado.

No es la primera vez que traigo a una mujer bonita a un grupo de amigos. Por experiencia sé que a menos de que sean buenos amigos y no conocidos la mentalidad de escasez y rapiña de los otros hombres hará que tengas que competir con ellos si aún no es oficialmente tuya. Es lamentable que tus conocidos intenten pisarte la manguera pero no puedo decir que me pille desprevenido.

¡Pero esta vez no podía pasar! Eramos unos 12 en la mesa, 10 GAYS, ella y yo. Pues pasó, se volcaron tanto con ella haciéndola hablar y el restaurante era tan ruidoso que acabé en segundo plano la mayor parte del tiempo. Anda que... magueado por mis propios amigos... gays... sin palabras. Me marcho al aseo cuando estamos terminando y la cazo echándome un ojo en la distancia. Aún hay esperanzas.

Empezamos a conectar de camino a un pub pero al poco de llegar aparece su amiga del alma y se acaba la noche para mí. ¿Seguro? La amiga era un monumento: altísima, pija de libro, guapa, 24 años... vamos la clase de chica que intimida a la mayoría de los hombres, pero que seguro, sería abordada a lo largo de la noche y me daría una ventana temporal para intimar con mi amiga que también era altísima, de hecho con los tacones que llevaban ambas casi igualaban mi 1,86 m de estatura. Eran como las Torres Petronas en un pub gay llamado Manhattan. 

Doy fe que las horas que siguieron, con un largo rato en heterolandia no dieron ni un momento en el que la amiga se alejara de mi chica interesante. Imposible aislar a mi amiga de su amiga. No se acercó ni un maromo, y eso que me alejé bastante de ellas para que parecieran disponibles. Para más inri me voy un momento al aseo y cuando vuelvo veo que un tío le está hablando a ... mi amiga, que estaba un peldaño por debajo en atractivo respecto a su amiga pero que también tenía su aquel, claro.

Nada, al final de la noche la tía había desconectado de mí, cosa bien merecida por merodearla sin concretar, y ya veremos si volvemos a quedar cuando vuelva por aquí. 

Pero esta vez sin amigas, sin gays ni tiendas de ropa.





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